Hay heridas que no duelen por fuera, sino en ese rincón donde guardé el cariño que creí muerto y que tú, sin merecerlo, despertaste. Me dormí triste porque recordé aquella llamada donde me decías en lista las cosas que te gustaban de mí, y en ella estaban mis labios y mi arco de cupido… y ahora odio que mintieras tan bien, porque ahora dudo cada que alguien me dice que ama algo tan detallado de mí. Qué ironía: lo que un día me hizo sentir especial, hoy sólo me recuerda que no todos los gestos nacen de la verdad.
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